Certificación energética

Problemas de obtener un certificado energético G

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Las etiquetas o certificados energéticos van en una escala de la A a la G, acompañada cada letra de un color. La A, de color verde, corresponde a la certificación energética más eficiente, mientras que un certificado energético G, de color rojo, corresponde al nivel de eficiencia más bajo. Queda claro que obtener un certificado energético G puede ser un gran problema para el dueño de la vivienda o el edificio que se ha evaluado, así que vamos a conocer un poco mejor qué efectos tiene la etiqueta energética G sobre tu piso.

Consecuencias de tener una calificación energética G

Antes de nada, deberías saber que la calificación energética G es más habitual de lo que parece, a pesar de ser el nivel más bajo. Cuestiones como un mal aislamiento, en especial si vives en el primer o último piso, una caldera que debe esforzarse más de lo normal para calentar la casa o muy antigua, los radiadores eléctricos o un termo para calentar el agua... Son situaciones habituales en muchas casas y que pueden acabar en una etiqueta energética G. En ningún caso te multarán o te obligarán a hacer reformas, pero tu consumo será más alto de lo que debería.

La normativa no establece ninguna calificación energética mínima, sino que se trata de una cuestión puramente informativa para los compradores del piso o los posibles inquilinos si está en alquiler. A la hora de anunciar la vivienda para su venta o alquiler, estás obligado a mostrar esa calificación energética G, pero lo mismo pasaría si hubiésemos obtenido una etiqueta A, C o E. De esta forma, cualquier persona interesada en el anuncio puede hacerse una idea del consumo energético de la vivienda.



Más allá de no tener consecuencias legales, la etiqueta G puede tener otros efectos. Por ejemplo, el valor del piso puede reducirse en comparación con otros inmuebles que han obtenido una mejor calificación energética. También hay que tener en cuenta el gasto energético, que se traduce en una factura de la luz superior a la media. Se estima que un inmueble que obtuve esta calificación gasta de media casi 2.100€ al año en calefacción y aire acondicionado frente a los 1.010€ en los que se sitúa el gasto medio energético anual en España.

De cara al mercado de alquiler, puede suponer un gran hándicap en aquellos casos donde los gastos no se incluyen en el precio, sino que se pagan a parte. El posible inquilino sabe de antemano que va a tener que hacer frente a unos gastos bastante elevados en electricidad, por lo que la etiqueta G puede dificultar la salida de una vivienda al alquiler. La única forma de mejorar esta situación es seguir las propuestas del técnico.

¿Cómo mejorar la calificación energética G?

Uno de los documentos que componen el certificado energético son una serie de recomendaciones técnicas ofrecidas por el propio técnico que se ha encargado del certificado para mejorar el nivel de certificación del edificio. Se trata de medidas de diferente índole ordenadas según la viabilidad técnica, funcional y económica que tienen, además de su repercusión energética para la vivienda, que tú, como propietario del edificio o la vivienda, puedes llevar a cabo para elevar el estatus energético de tu propiedad.

Más allá de estas propuestas de carácter técnico, no existe otra posibilidad de mejorar la etiqueta energética de tu casa. Conviene recordar que la Administración cuenta con herramientas suficientes para descubrir las alteraciones de los certificados energéticos, ya que antes de validar la etiqueta lo tiene que cotejar y en caso de detectar una irregularidad tumba el certificado. Así, deberíamos desconfiar de las empresas que nos prometen de antemano una buena calificación energética ya que lo más probable es que la Administración actúe.

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