Ecología

Características del desierto: tipos, clima, flora y fauna

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Uno de los biomas más conocidos es el desértico. Cuando pensamos en el desierto nos vienen a la cabeza las imágenes de grandes extensiones de arena, cordones de dunas y un calor infernal, pero el bioma desértico va más allá. La temperatura del desierto es extrema, igual que el clima, pero esto no es impedimento para que se desarrolle una fauna adaptada a esas duras condiciones de vida. Lo mismo pasa con la vegetación del desierto, un bioma que encontramos en todos los continentes salvo en Europa y que corresponde, aproximadamente, a una quinta parte de la superficie de la Tierra.

¿Qué tipos de desierto existen?

Hay dos tipos de desierto: los cálidos y los fríos. Entre los primeros podemos incluir el Sáhara o el de Atacama, mientras que el desierto frío por excelencia es el de Gobi. En ambos casos se trata de zonas donde las precipitaciones anuales no alcanzan los 225 mm, y son suelos poco productivos -menos de 500 gramos de carbono al año- y erosionados. La principal diferencia entre uno y otro es la temperatura que será extremadamente cálida en los primeros y muy fría en los segundos.

El clima en el desierto

Ya hemos señalado la escasez de precipitaciones. Las lluvias son muy irregulares, y cuando llueve lo hace de forma torrencial y el agua se evapora extremadamente rápido. Biomas desiertos como el de Atacama prácticamente no reciben lluvia debido a la presencia de los Andes, que impiden la entrada de humedad desde el mar y refuerzan la aparición de otro factor destacable del bioma desértico, el viento. Suelen ser vientos secos, que al no encontrar vegetación favorecen todavía más la erosión del suelo.

Hay que tener en cuenta que a pesar de ser extremadamente cálidos durante el día, con temperaturas que pueden llegar fácilmente a los 45ºC durante el día, con la caída del sol los termómetros pueden llegar a desplomarse hasta los 0ºC, una gran diferencia que contribuye a hacer el clima todavía más extremo y a dificultar el desarrollo de la vida en los desiertos. El calentamiento global no ha hecho más que aumentar el clima extremo de estos biomas, dificultando la vida en ellos.

Flora y fauna en el desierto

Si la temperatura del desierto es extrema, la flora y fauna que habitan en él están obligados a convivir con esta situación y adaptarse a ella. Hay muy pocas especies capaces de vivir en un entorno como este, con escasa agua y comida; y no debería extrañarnos que la mayoría de animales desérticos sean nocturnos: duermen durante las horas de más calor y se activan con la puesta de sol. Además, generalmente son animales pequeños, que no necesitan alimentarse con mucha frecuencia y obtienen el agua de sus alimentos.



Aquí nos encontramos con roedores (ratones, musarañas), las peligrosas tarántulas o las hormigas, un animal muy abundante en este bioma ya que vive en colonias subterráneas. Si buscas animales algo más grandes, los protagonistas suelen ser los conejos, las serpientes de cascabel o puercoespines. De mayor tamaño son el peligroso monstruo de gila, pumas, gatos monteses o dingos, habtirantes también de un bioma donde podemos encontrar ciervos o camellos.

El panorama no cambia mucho con la flora, ya que la vegetación del desierto debe ser capaz de recoger la poca agua que tienen y almacenarla sin que se evapore. Sin lugar a dudas, el cactus es la planta que mejor se ajusta a esta descripción, aunque también encontramos matorrales con unas raíces muy profundas que llegan hasta la humedad subterránea, habituales en los desiertos fríos. Por último, hay una microflora o plantas que sincronizan su desarrollo con los escasos momentos de lluvia que se producen.

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